Corrupta
Recibí la madrugada así, entre aguas corrompidas. Aferrándome a la negación que vive en mí. Aceptándome como enemiga. Recibí la madrugada como mi madre me trajo al mundo: desnuda, sangrante, desconcertada. Supurando verso y dolor. Pagándole a la luna mi fianza. Y después de abrir la puerta para que entrasen los monstruos a bailar con mis fantasmas me puse una mano en el pecho tratando de encontrar el latido que asesinase al alma. Y la voz sin eco pervertida tras tanta batalla me aseguró que morí un poco ayer para resucitar mañana. Y recibí la madrugada así. Terriblemente sola. Malditamente acompañada.